Déjalo atrás. No porque hayas perdido el amor, sino porque tu amor merece más aprecio.
Vale más que promesas a medias, mensajes esporádicos y la sensación constante de tener que luchar por un lugar en su vida.
Sepárate de él. No por debilidad, sino porque has encontrado la fuerza para darte cuenta de que el amor verdadero nunca florece en la sombra.
No eres una opción, ni un compromiso, ni un parche para sus inseguridades y su aburrimiento. Eres alguien a quien se le debe ver, escuchar y amar, no solo cuando a él le conviene, sino en todo momento.
Déjalo. No porque no seas capaz de perdonar los errores; has perdonado más de lo que jamás deberías haberlo hecho.
Has mostrado comprensión, has tenido paciencia, has vuelto a encontrar esperanza una y otra vez, incluso cuando él te daba motivos para perderla. Pero en algún momento ya es suficiente.
En algún momento tienes que dejar de perderte a ti misma solo para retenerlo.
Déjalo. Porque eres alguien que se merece que alguien se decida: con claridad, conscientemente, sin vacilar.
No alguien que te dé largas, te haga esperar, te menosprecie o te haga dudar.
Tu alma no anhela preguntas constantes, sino respuestas. No el caos, sino la paz.
Déjalo. No porque los recuerdos no tengan importancia; claro que la tuvieron. Reísteis, compartisteis, estuvisteis cerca. Pero los recuerdos por sí solos no sostienen una relación.
Y el amor no es solo una mirada al pasado, sino un hoy y un mañana.
Déjalo. Porque tu corazón está cansado de ser siempre el puerto seguro al que él regresa cuando le apetece, solo para volver a desaparecer cuando las cosas se complican.
No eres una parada intermedia.
No eres un plan de emergencia.
Eres alguien que se merece que alguien se quede.
Déjalo. Porque el amor no debería hacerte sentir una y otra vez que tienes que suplicar por atención. No estás ahí para demostrar que eres digna de ser amada; ya lo eres desde hace tiempo.
Si él no se da cuenta, no es tu tarea convencerlo.
Déjalo. No porque seas fría, sino porque ya has sufrido lo suficiente.
Porque te has quedado sola en la cama demasiadas veces, con pensamientos que daban vueltas en tu cabeza.
Porque has dado demasiadas vueltas a mensajes que nunca llegaron.
Porque demasiadas veces has inventado excusas para él, mientras él no se esforzaba por comprenderte.
Déjalo. Porque el amor verdadero no significa que tengas que justificarte constantemente.
No significa que tengas que tener miedo de ser sincera.
No significa que tengas que hacerte pequeña para que él se sienta grande.
Déjalo. Aunque te duela. Aunque tu corazón aún se resista. Aunque tu mente encuentre mil razones para quedarte.
A veces, quererse a una misma significa marcharse justo en el momento en que todo en ti quiere quedarse.
Sé valiente. Déjalo.
No porque hayas renunciado, sino porque te has elegido a ti misma.
Porque te has dado cuenta de que eres más que su inseguridad, su indecisión, sus gestos a medias.
Déjalo. Y confía en que la curación llegará.
Quizá no de inmediato, quizá no mañana. Pero llegará.
Una mañana te despertarás y sentirás tu pecho ligero.
Un día mirarás atrás y ya no entenderás por qué te quedaste tanto tiempo.
Te darás cuenta: no lo has perdido a él, te has recuperado a ti misma.
Tu risa será más sonora. Tu corazón, más libre. Tu alma, más luminosa.
Y entonces conocerás a alguien que se queda. Que no se va cuando las cosas se ponen difíciles.
Que no te haga dudar, sino que te tranquilice.
Que no te haga esperar, sino que venga.
Que no te menosprecie, sino que te haga crecer.
Hasta entonces, sé valiente.
Déjalo. Y no mires atrás.
Porque no te alejas del amor.
Te diriges hacia él.


